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viernes, 4 de diciembre de 2020

De la agitación a la propaganda: la cuestión sobre el salario en Venezuela


A pocos días para las elecciones parlamentarias de este 6 de diciembre, y del clamor de quienes exigen respuestas concretas en torno a los diversos problemas que aquejan a nuestro país, se ha hecho imperante realizar este artículo que toca no solo aspectos políticos-organizativos (como la agitación y la propaganda), sino que también para profundizar un poco más sobre uno de los puntos prioritarios en los que se ha centrado la campaña de los candidatos de la Corriente Marxista Lucha de Clases, y las demás organizaciones políticas que integran la Alternativa Popular Revolucionaria (APR), hablamos del salario de los trabajadores en Venezuela.

Durante todo este mes de campaña, que se caracterizó por la censura y el cerco mediático, nos hemos dado a la tarea de llegar al pueblo venezolano a pesar de las limitaciones que devienen de la pandemia y de la carencia de recursos a la cual nos hemos enfrentado para difundir ampliamente nuestro programa político. Para esto nos hemos apoyado tanto en piquetes obreros, protestas de calle, actos políticos-culturales, encuentros de mujeres, de cultores y cultoras, pintadas de murales, recorridos en comunidades, elaboración de carteles de cartón, redacción de artículos, entrevistas escritas, radios comunitarias y redes sociales. Todo ello para agitar en torno a nuestras propuestas programáticas.

Agitación y propaganda

Si bien para los que provenimos de una misma tradición revolucionaria conocemos la diferencia entre la agitación y la propaganda, esto es algo que no todas las personas vinculadas a la política manejan, lo cual ha quedado en evidencia gracias a la crítica sin fundamento que hemos recibido los marxistas, luego de actividades agitativas, ya que ciertos personajes lejos de comprender este arte, intentan desprestigiarnos o disminuir nuestros argumentos, solo por "no explicar" a detalle aspectos políticos y económicos trascendentales que evidencien las causas, las consecuencias y "las soluciones" a los problemas de nuestro país en este tipo de intervenciones. Por ello, antes de centrarme en el tema del salario de los trabajadores, trataré brevemente estos puntos, que si bien son elementos de la teoría político-organizativa del marxismo, nos permiten crecer como cuadros políticos revolucionarios.

La agitación y la propaganda son tareas fundamentales que todo cuadro político marxista debe manejar, hablamos de un arte dirigido a las masas y que debe ser explotado según el momento y las circunstancias precisas.

A partir de la obra ¿Qué hacer? de Lenin de 1902, se pueden extraer muchas lecciones, entre ellas las que hacen referencia al folleto: “Las tareas de los socialistas en la lucha contra el hambre en Rusia”. En este escrito, Plejánov nos habla de cómo el propagandista debe ser capaz de comunicar “muchas ideas a una sola o varias personas”, mientras que el agitador debe comunicar “una sola idea o un pequeño número de ideas... a toda una multitud”. Esta diferencia es sencilla pero fundamental, hoy en día gracias a las redes sociales y los medios de comunicación, pequeñas ideas pueden convertirse en información viral, y llegar a millones de personas en muy corto tiempo, no obstante, esto no suele ocurrir con obras escritas de gran profundidad, que traten temas como la crisis mundial capitalista, así estos textos toquen a cabalidad aspectos interesantes y de relevancia.

Lo que tratamos de destacar es que no bastan pocos segundos o minutos como para poder hacer una exposición considerable de ciertas "ideas complejas", o que permitan profundizar en una argumentación teórica, o la táctica de los marxistas a aplicar en una situación concreta, y como respuestas a los grandes problemas que sufre la humanidad. Sin embargo, no podemos desdeñar ninguna de estas tareas, ni la agitación, ni la propaganda, ambas cumplen su función en el momento preciso. Por ejemplo, en una protesta de calle donde muchas personas toman la palabra, resulta complejo -sino imposible- resumir en dos minutos un análisis minucioso de las causas y consecuencias de la crisis capitalista, y que además se puedan sustentar las posibles “soluciones” a cada uno de los problemas sociales que aqueja nuestra nación. Sin embargo, esto no exime de ninguna manera a los marxistas de explicar pacientemente cuales son los orígenes de la crisis, el programa o la táctica revolucionaria. Lo que se trata de explicar es que para este tipo de espacios nuestra tarea es agitar con consignas que nos permitan anclar las necesidades de la gente con el programa revolucionario que históricamente hemos defendido.

Todos los detalles, la argumentación, el análisis, las perspectivas e incluso los pasos a seguir, requieren mucho más tiempo para desarrollarse, por ello la propaganda la trabajamos no solo en actividades políticas como lo son: Las escuelas nacionales, las ponencias, las células o los grupos de base -que además de ser espacios de discusión, también lo son para la formación-, sino que también lo hacemos por medio de nuestros artículos y publicaciones, donde tratamos todos estos temas de interés a profundidad.

El fetichismo parlamentario

Los marxistas a diferencia de los reformistas o la socialdemocracia, no planteamos una solución mágica a todos los problemas de la sociedad con pañitos de agua tibia, o con meras consignas, vacías y sin programa que lo sustenten, o peor aún, prometiendo lo que no podemos dar a propósito de las elecciones parlamentarias que se aproximan. Al contrario, si en algo hemos sido incisivos en todo momento, incluso en las discusiones internas de la dirección nacional de la Alternativa Popular Revolucionaria (APR), ha sido en impulsar un programa revolucionario unitario que permita trazar un puente entre las necesidades más acuciantes del pueblo venezolano, con las tareas históricas de la revolución socialista.

Nosotros no hacemos un fetiche de las elecciones parlamentarias, eso ya lo hemos aclarado en otro artículo titulado: "¿El fetichismo parlamentario o el antiparlamentarismo? La cuestión sobre las elecciones al parlamento en Venezuela." Allí hemos explicado nuestra concepción con respecto al parlamento, al cual identificamos como un instrumento de la democracia burguesa y que como parte del Estado burgués, se encuentra al servicio de la clase dominante y las élites políticas de los países.

En ese artículo, desconocemos como revolucionarios "al parlamentarismo como una posible forma de gobierno proletario, por lo que impulsamos la creación de nuevas formas de organización que permitan la defensa y la lucha de los intereses verdaderamente democráticos en favor de las mayorías trabajadoras y pobres.”

Sin embargo, este no es el caso de los socialdemócratas o reformistas, que a diferencia de nosotros, van al parlamento creyendo en la posibilidad de regular al capitalismo por medio del sistema democrático burgués, donde en el mejor de los casos solo se alcanzarán reformas, y no una revolución. ¿Por qué? porque la transformación de la sociedad no radica en el parlamento, prescindiendo de la necesaria acción, organización y movilización del pueblo. Se trata de un proceso dialéctico complejo entre las masas y la dirección revolucionaria para la toma del poder, en un momento histórico determinado.

Por esta razón planteamos que la táctica parlamentaria debe estar subordinada a la movilización del pueblo venezolano, y de llegar un diputado marxista al parlamento, este debe combinar la agitación revolucionaria a lo interno, con la acción y protesta popular desde afuera apuntalando las luchas obreras campesinas y populares, todo esto dirigido hacia la toma del poder por parte de la clase trabajadora, con el objetivo máximo de la revolución socialista.

El programa revolucionario

¿Qué es y cuál es el programa que históricamente hemos defendido los marxistas? En términos generales, el programa marxista consiste en la declaración de nuestros propósitos, se trata de nuestra propuesta política, que contempla las necesidades inmediatas de nuestra clase (como la lucha por mejores salarios o por mejores condiciones de vida), con las tareas históricas de la revolución socialista.

Ahora bien, ¿cuáles son estas tareas en Venezuela? Pues de manera muy sucinta las podemos resumir en las siguientes: La abolición del Estado burgués, la nacionalización de los grandes medios de producción, de los monopolios industriales, de los latifundios y la banca, así como la creación de una central única de importaciones, pero bajo estricto control obrero y popular. Entendiendo esto, se evidencia porqué a pesar de los años, nuestro programa continúa vigente, porque nosotros hablamos es del derrocamiento del sistema económico mundial, de la necesidad de un internacionalismo proletario y de la defensa y lucha por la revolución socialista a escala mundial, y no solamente por reformas.

Reformas vs revolución

Ahora bien, esto no quiere decir que a los revolucionarios no nos interesen las reformas, por supuesto que sí, porque luchar por ellas nos permiten conquistar mejores condiciones de vida para los trabajadores, nos obliga a organizarnos por nuestros intereses, nos brinda la posibilidad de alcanzar la conciencia de clase y de la fuerza que tenemos y del papel que jugamos en la sociedad.  Pero todo esto lo debemos hacer sin perder de vista que todas estas luchas deben apuntar a grandes objetivos revolucionarios.

En este sentido, si bien comprendemos la importancia de las luchas para alcanzar reformas, a su vez les desconocemos como el fin último de nuestra política, porque comprendemos que más allá de las leyes hay un mundo por ganar, y mientras continúe imperando un sistema depredador y opresor, no bastarán las reformas, porque la situación de la clase trabajadora no mejorará en gran medida a causa de las crisis estructurales del propio modelo capitalista.

Por ello nuestra lucha debe estar dirigida a trascender este sistema económico, el cual ha demostrado ser incapaz de resolver los grandes problemas de la humanidad, sin embargo, no podemos dejar de mencionar como el reformismo también ha causado estragos en las grandes mayorías, en este sentido podemos afirmar, que lo que ha fracasado en Venezuela no ha sido el socialismo, como erróneamente vociferan los defensores a ultranza de la burguesía y los terratenientes. Lo que ha fracasado en Venezuela es el sistema capitalista rentista y dependiente criollo, y el modelo de regulaciones capitalistas impuesto por la dirigencia gubernamental, que aferrada al aparataje burgués y al poder, concilió y pactó con la clase dominante y se deslindó del proceso político revolucionario que impulsaron el Comandante Chávez y el pueblo venezolano.

El intento del gobierno de tratar de hacer coexistir las políticas sociales, manteniendo a su vez las relaciones de propiedad capitalista de los medios de producción, no permitió cortar con el control de la burguesía sobre las palancas de la economía. Es sencillo, ¿cómo controlar lo que no se posee? para planificar la economía no se puede esperar la buena voluntad de los capitalistas, y las regulaciones tampoco permiten el “buen funcionamiento” o el desarrollo normal de un capitalismo nacional. Ese intento de instaurar un modelo mixto en Venezuela, también fracasó.

La crisis que atraviesa nuestro país es de carácter histórico y estructural, porque no solo surge de la dependencia al modelo rentista petrolero, sino del papel que le fue asignado a nuestro país en la división internacional del trabajo, que aunado a otros factores estructurales, han incidido en el colapso de nuestra economía.

Algunos de estos elementos han sido: La elevada dependencia a las importaciones, la huelga de inversiones, la fuga de divisas por medio de la corrupción, la caída de los precios del petróleo (y por ende la disminución de los ingresos al Estado), la caída de la producción nacional, el déficit fiscal y la deuda externa. Por ello la gravedad de la crisis que estamos pagando los trabajadores del pueblo venezolano. Todo esto sin contar con el papel nefasto que han jugado los monopolios de la burguesía y los intereses imperialistas por medio de sanciones ilegalmente impuestas a nuestro país.

En síntesis, la crisis que vivimos es sumamente compleja, y no será solucionada por medio de una ley o una reforma, se trata de hacer cambios radicales, de ir hasta las bases económicas de nuestras sociedad y abolir las relaciones de propiedad burguesas, pero esto no quiere decir que solo serán los factores económicos los que incidan en el proceso, pues todas las medidas en términos económicos deben estar acompañadas de las presiones políticas e ideológicas de toda nuestra clase social. Un problema complejo requiere una solución compleja, quizás no en todos los casos, pero en éste creemos que no solo dependerá de pocos hombres y mujeres en el parlamento, sino de un esfuerzo titánico de una dirección revolucionaria y de un pueblo ganado a llevar la revolución hasta sus últimas consecuencias.

Por esta razón es que las ideas de los marxistas no calan fácilmente en la sociedad, porque muchas personas se ven atraídas por las falsas promesas de candidatos de derecha, reformistas o socialdemócratas, porque ellos no ofrecen la transformación de la sociedad desde la lucha o la comprensión profunda de la realidad, sino desde el sistema capitalista, y por ello ofrecen “la última cola”, la luna y las estrellas. Pero son incapaces de ser honestos (a veces por falta de formación, y a veces por oportunistas), lo cierto es que no denuncian las limitaciones que tiene la democracia burguesa y todas sus instituciones para satisfacer las demandas de la sociedad.

Los marxistas por nuestra parte, siempre hemos denunciado las inconsistencias y las arbitrariedades del sistema capitalista y sus instituciones, pero no caemos en sectarismos o ultraizquierdismos, nosotros acompañamos al pueblo en sus luchas, nos hacemos parte de ellas porque también son nuestras, por eso siempre dejamos claro que nuestro fin último no son las reformas, sino la transformación radical de la sociedad, la cual solo será alcanzada por medio de la organización de la clase en órganos de nuevo poder, que puedan sustituir al poder prexistente.

De la generalidad a la particularidad

Entendiendo lo anteriormente expuesto, se deja claro que los marxistas tenemos además de argumentos, una comprensión de la realidad que rompe con los esquemas impuestos, y un conjunto de propuestas y tácticas, pero que evidentemente no se explican ni en 30 segundos, ni en un minuto y medio, que es el tiempo que se nos otorga en un programa de radio, de televisión, en la calle, o en una protesta para exponer nuestras ideas, sino que cuando se nos presentan estas oportunidades, las aprovechamos para a la agitación por medio de consignas que nos permitan llamar la atención de la gente, para que cuando se nos acerquen podamos hacer el trabajo propagandístico de brindar respuestas más allá de las exigencias y prioridades. Dejando este tema saldado, pasaremos al siguiente punto a desarrollar: El salario.

Éste se trata de una de las reivindicaciones que hemos asumido y difundido ampliamente como punto importante en el eje de la lucha obrera, pero que si bien por lo anteriormente expuesto no lo hemos podido tratar a cabalidad en medios de comunicación y redes sociales (como propaganda), sino como consigna (por medio de la agitación), es un elemento fundamental al que a continuación dedicaremos su espacio, de allí el nombre que titula este artículo.

Adentrarnos en la discusión del salario, no solo nos permite reivindicar un derecho constitucional plasmado en el artículo 91 de la Carta Magna, el cual nos habla del derecho a un salario digno con el que podamos cubrir la canasta básica, sino que también estamos en presencia de un tema que se ha vuelto una demanda imperiosa, que nos permite no solamente la agitación como consigna, sino que al escudriñar sobre él para buscar respuestas de cómo hacerlo tangible, nos brinda la oportunidad de realizar la tarea propagandística para comprender la realidad que aqueja a nuestro pueblo.

Los salarios en tiempos de crisis 

Además de los grandes esfuerzos por comprender nuestra realidad y la grave crisis que atravesamos, ¿qué propuestas concretas podemos hacer para intentar rescatar el salario de la clase trabajadora en Venezuela, si esta se encuentra atravesando una profunda crisis? En principio es necesario deslastrarnos de aquellas propuestas que hablan de la dolarización del salario, puesto a que consideramos que no pueden ser sustentadas ya que las reservas internacionales han sido dilapidadas, y se encuentran en su nivel más bajo registrado durante los últimos años.

Particularmente nosotros defendemos la consigna: Salario igual a la canasta básica, por tanto una escala móvil de salarios, pero al encontrarnos sumidos ante una profunda crisis, la pregunta es: ¿Cómo elevar los salarios de la administración pública, los maestros, las enfermeras, el personal obrero y la clase trabajadora en general? Sin duda una de las respuestas que se nos viene a la mente, es que esto solo será posible por medio de la obtención de recursos adicionales, que no sean dependientes exclusivamente de la renta petrolera, pero para ello es necesario poner en marcha una serie de políticas conjuntas y transicionales, de la mano de nuestro programa y con medidas complementarias, que nos permitan recaudar los fondos suficientes para estos fines, entre otros.

Una de las primeras acciones que planteamos es la confiscación de las propiedades de las multinacionales imperialistas en Venezuela, como respuesta ante el secuestro de CITGO y de los activos de la nación por parte del imperialismo estadounidense. No podemos continuar en una posición eternamente defensiva en el mejor de los casos, o de subordinación ante nuestros adversarios.

En este mismo orden de ideas, también proponemos generar los mecanismos para lograr la confiscación y la repatriación de los bienes y el dinero fugado por la corrupción y la desviación de recursos, lo cual se ha logrado hacer en otros países. No podemos permitir que el dinero de la nación continúe en manos de delincuentes. Por ello esta medida debe ser tomada conjuntamente con la exigencia de llevar a la cárcel a los empresarios y a los burócratas corruptos.

Otra medida a tomar, debe ser la renacionalización de todos los recursos y empresas estratégicas de Venezuela, las cuales han sido saboteadas a lo interno para ser quebradas y facilitar su privatización, además consideramos que debe existir un aumento de la presión tributaria a las empresas privadas. En este sentido debemos rechazar contundentemente la reprivatización de nuestras empresas y recursos, y apoyar el control obrero de las empresas nacionalizadas. Las privatizaciones no son una salida en beneficio del pueblo y de la soberanía nacional, sino medidas de corte burgués para salir de la crisis en favor de la clase dominante y no de los trabajadores.

De la misma manera, otra medida necesaria es la creación de una central estatal única de importaciones. De esta forma se acabaría el despilfarro y la entrega indiscriminada de divisas a la burguesía tradicional y a la supuesta "burguesía revolucionaria", que nunca se preocuparon por fomentar la producción nacional,  ya que preferían importarlo todo, incluso lo que era posible producir en Venezuela, solo para quedarse con una tajada del dinero.

Otra de las medidas sumamente importante, es la nacionalización sin compensación de todos los monopolios y empresas involucradas en el sabotaje, acaparamiento, usura y bachaqueo; la nacionalización de todos los latifundios, de la banca y las aseguradoras bajo control obrero y popular, para con ello poner todos estos recursos a disposición de un plan de producción nacional, en empresas estatales y bajo control de los trabajadores, los campesinos y el pueblo organizado. De esta manera podríamos comenzar a planificar el proceso productivo.

Solo teniendo el control de las palancas de la economía, será posible la creación de planes que permitan el desarrollo y la producción agrícola nacional, las cuales serían en base a unidades de producción colectivas en los campos, por lo que es necesario tener en consideración otros temas como la justa distribución de semillas e insumos para la producción, y así evitar que se importen alimentos que no son realmente necesarios, y se produzca lo más que se pueda en nuestras tierras.

Finalmente, no podemos dejar de mencionar la importancia de otorgar salarios justos, (no de opulencia) a quienes lleven responsabilidades o cargos públicos de elección. Ningún servidor público debe poseer un salario superior al de un obrero cualificado. Esto lo hemos tratado en otras oportunidades, servir a la revolución debe ser un deber, que se hace por compromiso y convicción, no para obtener beneficios y privilegios a costa del erario público nacional. De esta misma manera, todos los cargos públicos o de elección popular, deben estar sujetos a la contraloría y a ser revocables en todo momento, sea por los trabajadores de sus respectivas áreas, o por el pueblo venezolano según sea el caso.

Todas estas propuestas además de permitir una amplia recaudación de fondos, nos empodera como clase trabajadora y nos permite avanzar en el proceso revolucionario, pero lo que no debemos olvidar, es que para que esto sea posible debemos apoyarnos siempre en la auditoría obrera y popular de los recursos y todas las gestiones públicas locales, regionales y nacionales.

Estas son las medidas que desde la Corriente Marxista Lucha de Clases planteamos para el debate y el rescate del salario, evidentemente no basta solo la voluntad, el programa y las "buenas intenciones", sino la organización, la movilización y la lucha popular para llevarlas adelante, de la mano de la agitación parlamentaria.

Otras propuestas aplicables, son aquellas que llamaríamos medidas complementarias, se trata por ejemplo de algunas que les hemos escuchado a los compañeros del PCV, en torno a la eliminación de los tratados contra la doble tributación, lo cual a su vez también sería una manera de obtener ingresos adicionales.

Por otra parte, es importante revisar los recientes estudios de Pascualina Curcio, puesto a que si bien podemos tener ciertas diferencias en torno a lo que la profesora denomina la "inflación o la crisis inducida" -pues como lo hemos expuesto en líneas anteriores, para nosotros la crisis en Venezuela no solo ha sido a causa de las sanciones imperialistas y del "dólar criminal"-, sin embargo le reconocemos el trabajo que ha venido realizando para tratar de comprender la compleja situación económica de nuestro país, su postura crítica y la serie de propuestas que ha socializado para contribuir desde su trinchera a nuestra economía, pues consideramos que hay elementos rescatables y para debatir de su análisis.

La lucha popular desde abajo

Nuestro llamado es al pueblo trabajador y campesino venezolano a que no desfallezca y continúe de pie, la salida a la crisis capitalista se encuentra en nuestras manos, somos la clase que produce y mueve al mundo, somos hombres y mujeres con amplias capacidades para llevar las riendas de nuestro país, no podemos permitir que se nos arrebaten nuestros derechos ni las oportunidades de construir un futuro mejor para nuestras próximas generaciones.

La solución a los problemas que nos aquejan no las alcanzaremos por medio de las élites políticas, de corruptos, de socialdemócratas o de reformistas, sino de la mano de una dirección verdaderamente revolucionaria surgida del seno de nuestra clase, porque solo nosotros el pueblo que ama y que trabaja por esta tierra es quien valora y lucha por un mejor mañana. La emancipación de la humanidad no se alcanzará por medio de una elección parlamentaria, de ser esto cierto, hace mucho la habríamos logrado, se trata de nuestra vinculación a la vida política desde cada fábrica, barrio, universidad y campo, se trata de la organización y la movilización popular junto a nuestros cuadros.

Un revolucionario sin organización, es solo una voz disidente, por eso precisamos de nuestro pueblo para llevar agitadores y propagandistas revolucionarios a la Asamblea Nacional, que caminen con las bases y respalden sus luchas, porque solo con la presión interna y acompañados de las distintas formas de lucha podremos alcanzar reformas radicales. Por ello este próximo 6 de diciembre nuestro compromiso es para con nosotros mismos, y por el rescate de la Revolución.

 

¡Por salarios y condiciones de vida digna para el pueblo venezolano!

¡Todo el poder a la clase trabajadora organizada!

¡Revolución o nada!



lunes, 28 de septiembre de 2020

Lanzamiento de las candidaturas de la Alternativa Popular Revolucionaria (APR) a la Asamblea Nacional

El pasado 24 de septiembre se dieron cita en las escalinatas del Calvario de Caracas las diferentes organizaciones que conforman la Alternativa Popular Revolucionaria (APR), para presentar al pueblo de Venezuela sus candidatos y candidatas para las elecciones parlamentarias del próximo 6 de diciembre.

En este acto estuvieron presentes militantes y dirigentes del Partido Comunista de Venezuela (PCV), de la corriente revolucionaria de Rafael Uzcátegui, de Somos Lina, de la corriente revolucionaria de José Tomas Pinto, de Izquierda Unida, de la Red de Comuneros, del Partido Revolucionario del Trabajo, del MBR-200, entre otras organizaciones políticas de base que al igual que la Corriente Marxista Lucha de Clases, han asumido la tarea de agrupar sus fuerzas y presentarse como una alternativa al pueblo venezolano.

En esta oportunidad diferentes dirigentes tomaron la palabra, por parte del Partido Comunista de Venezuela el compañero Oscar Figuera, candidato del voto lista nacional, abrió la actividad con un discurso en el que destacó que la tarjeta del gallo rojo ha sido la única tarjeta electoral bajo la cual se han presentado las candidaturas de la APR, debido a las “maniobras que desde el aparato del estado se han ocupado de despojar a dirigencias políticas revolucionarias de la dirección" de éstas organizaciones, como ha sido el caso de UPV, PPT y Tupamaro. 

Seguidamente por parte de la corriente revolucionaria de Rafael Uzcátegui, el compañero Carlos Azpúrua, candidato por el voto lista del estado Miranda, tomó la palabra para manifestar su rechazo a la campaña de difamación y descrédito que se emprendió en contra del compañero Rafael Uzcátegui por parte de la dirigente del PSUV, Erika Farías, alcaldesa del municipio Libertador de Caracas.


En este sentido es necesario destacar que desde la conformación de la APR, tanto candidatos como militantes de las diferentes fuerzas que la integran han sido víctimas de atropellos de diversa naturaleza, ese ha sido el caso de compañeros como: Ángel Rodríguez, candidato por el circuito 4 del estado Miranda, quien fue golpeado y amenazado por sujetos desconocidos, Sergio Requena, candidato del circuito 2 del municipio Caroní del estado Bolívar, que fue despedido de su sitio de trabajo y luego reenganchado por las presiones obreras, Diosman Boadilla e Hiraida Flores ambos candidatos por el estado La Guaira, que fueron detenidos por promover un mural con la consigna "salario igual a canasta básica" por supuestamente "incitar al odio", entre otros compañeros y compañeras que han sido de una u otra manera afectados por su condición y postura política.

Además de los compañeros Oscar Figuera y Carlos Azpúruas, tomó la palabra el compañero Félix Velázquez, dirigente de Izquierda Unida, quien en la misma línea política señaló la importancia de la consolidación de la APR como una alternativa para los venezolanos, haciendo un llamado a votar por la tarjeta del Partido Comunista de Venezuela el próximo 6 de diciembre.

Seguidamente tomó la palabra por parte de la Corriente Marxista Lucha de Clases, Paola Vásquez, candidata por el voto lista nacional, quien se dirigió a la juventud trabajadora del pueblo venezolano e hizo un llamado a la organización para llevar a cabo las luchas obreras, campesinas y populares, de la misma manera que dejó claro el compromiso de Lucha de Clases de seguir en batalla por el rescate de la revolución. 

De esta manera diversos compañeros y compañeras de la APR se dirigieron al pueblo trabajador, dejando claro el carácter anticapitalista y antiimperialista de la Alternativa, que busca referenciar las luchas obreras, campesinas y populares por salarios dignos y mejores condiciones de vida, desmontando la matriz de opinión que se ha intentado situar en torno de la misma, desconociendo su genuina naturaleza revolucionaria.

Finalmente la actividad culminó en un ambiente de combatividad, júbilo y esperanza. La contienda no será sencilla, sin embargo existe una gran energía por parte de quienes asumimos el compromiso de rescatar las banderas del socialismo y construir un nuevo referente político de izquierda para nuestro país.

 

¡Revolución o Nada!

¡Rescatemos las banderas del socialismo!



Oscar Figuera, Candidato Voto Lista Nacional PCV APR.



Paola Vásquez, Candidata Voto Lista Nacional, Lucha de Clases, APR PCV.


domingo, 27 de septiembre de 2020

¿Por qué nace la Alternativa Popular Revolucionaria (APR)?


El Estado venezolano desde hace algunos años viene atravesando una crisis sin precedentes en la región, pero esto no ha sido a causa de la implantación del modelo socialista algo que jamás sucedió en Venezuela. Lo que ha entrado en crisis ha sido el capitalismo rentista criollo y el intento de regulación del mismo, que aunado a las sanciones económicas ilegalmente impuestas por los Estados Unidos, ha causado estragos en la nación. Esto es importante dejarlo claro, porque la derecha nacional e internacional, han querido ensuciar las banderas del socialismo y de la revolución a toda costa.

En el Golpe de Timón el mismo comandante Chávez como primer autocrítico del proceso revolucionario aseveró que en Venezuela seguía existiendo una economía capitalista, por lo que debíamos avanzar en la construcción de una economía socialista. También señaló que era necesario trascender el Estado burgués por un Estado comunal. Sus planteamientos fueron muy claros: ¡hay que completar la revolución socialista!

Sin embargo, luego de la partida de Chávez, han sido mayores las dificultades a las que el pueblo trabajador nos hemos visto sometidos.

Si bien durante varios años, la vanguardia revolucionaria del pueblo venezolano ha sido comprensiva y hasta la fecha se mantiene firme en sus convicciones y principios revolucionarios, gracias a los acontecimientos derivados de la crisis política, económica y social, gran parte ella ha dado el salto cualitativo hacia una comprensión más aproximada de la compleja realidad nacional, que no solo se resume en las agresiones y sanciones imperialistas, sino que abarca las inconsistencias del discurso y el accionar político de la dirigencia gubernamental, que ha defraudado los intereses populares al entrar en negociaciones con la derecha y el imperialismo, dando concesiones y permitiendo la usura, la especulación, la burocratización de las instituciones y la corrupción, mientras golpea los intereses de los trabajadores y sus salarios, en beneficio de la burguesía apátrida de este país.

Sin embargo, a pesar del engaño a las bases por parte la dirección burocrática de gobierno, el pueblo no ha cedido ante la derecha que jamás ha encarnado sus luchas y que no representa en absoluto un liderazgo político para los revolucionarios. Por el contrario, cada día se evidencia su decadencia y podredumbre, no sólo ante nosotros, sino ante sus propias bases que se encuentran defraudadas y asqueadas de su ineficiencia y escándalos de corrupción.

De esta manera, ante un escenario adverso a nivel nacional, y de profunda decepción y desmoralización popular, se ha concretado la creación de la Alternativa Popular Revolucionaria (APR), una propuesta política que desde hace más de dos años la organización Lucha de Clases (sección Venezolana de la Corriente Marxista Internacional) ha venido promoviendo, hecho del cual existen registros escritos que lo corroboran. Esta iniciativa logró cristalizarse en un momento difícil de la coyuntura nacional, marcado por la continuación de la inflación, el colapso generalizado de los servicios públicos, el incremento del malestar social, entre otros aspectos. Sin embargo, y a pesar de las dificultades la APR ha logrado integrar a diversas fuerzas políticas, como el Partido Comunista de Venezuela, la corriente revolucionaria de Rafael Uzcátegui antiguo secretario general del Partido Patria para Todos, Izquierda Unida, Somos Lina, Red Autónoma de Comuneros, MBR-200, La corriente revolucionaria de José Tomás Pinto antiguo secretario general del partido Tupamaros, entre otras organizaciones y movimientos sociales de base, que como Lucha de Clases han dado el paso para la construcción de un nuevo referente para la izquierda revolucionaria de Venezuela.


De esta manera, ante las profundas diferencias políticas existentes entre el ideario socialista que históricamente ha defendido la izquierda, y las medidas de ajuste económico, antiobreras y antipopulares que ha venido aplicando el gobierno, la APR ha nacido con el objetivo de referenciar las luchas de la clase obrera, campesina y demás sectores populares -las cuales han sido judicializadas, criminalizadas y reprimidas por la fuerza pública- y en defensa de las conquistas alcanzadas con el comandante Chávez, y que ahora nos han sido arrebatadas casi en su totalidad.

Por esta razón, podemos afirmar que la APR ha sido fruto de la necesidad histórica de reagrupar a las fuerzas revolucionarias, para crear un referente político de izquierda de largo aliento, que mantenga limpias las banderas del socialismo, bajo claros principios antiimperialistas y de rechazo a cualquier tipo de injerencia extranjera.

La APR, como una alternativa para el pueblo trabajador, enfrenta toda clase de retos: la censura mediática, los atropellos, la difamación, así como las propias contradicciones que a lo interno de la misma deben sopesarse. En este sentido, los revolucionarios consecuentes debemos velar porque en el espacio prive una genuina política que contemple la transformación socialista de la sociedad como horizonte estratégico, pero que parta de las necesidades inmediatas de las mayorías a las cuales nos debemos. Urge en lo inmediato la definición de un programa político unitario, que vaya al encuentro del pueblo trabajador ávido de respuestas.

Es necesario que la APR acompañe las diversas luchas sociales que en todo el país se vienen escenificando, para brindar dirección y coordinación a las mismas, en pro a la necesaria acumulación de fuerzas del pueblo y la creación de un factor subjetivo, que de verdad abra caminos hacia la superación revolucionaria de la crisis del capitalismo.

 

¡Revolución o nada!
¡Rescatemos las banderas del socialismo!

domingo, 6 de septiembre de 2020

¿El fetichismo parlamentario o el antiparlamentarismo? La cuestión sobre las elecciones al parlamento en Venezuela


Durante los últimos días, ha sido interesante observar la crítica que hemos recibido los marxistas por parte de algunos sectores de la socialdemocracia y la ultraizquierda, sobre un mismo asunto: la cuestión parlamentaria. Más aún cuando estas críticas distan totalmente una de la otra.

Por un lado, los socialdemócratas nos acusan de no estar dispuestos a apoyar la disputa electoral y parlamentaria en "alianza perfecta" (1), así como lo que ellos consideran es la verdadera lucha política por el poder (que para estos se resume en lo electoral, la ocupación de curules y cargos públicos). Por su parte, la ultraizquierda, en sus diversas variantes, plantea que con nuestros llamados a partidos como PPT y PCV a que constituyan una alianza alternativa de izquierda de cara a los comicios al parlamento, hemos caído en el juego electoral burgués oportunista (2).

Quizás, para ciertos sectores pro-gobierno es convenientemente necesaria la unidad vacía, sin principios ni base programática, “en defensa de la patria” y “contra el asedio imperialista”. Tenemos plena conciencia de los repudiables efectos de las sanciones y la injerencia del gobierno de EEUU contra nuestro país, pero también sabemos que los llamamientos a la alianza contra el imperialismo no son suficientes, más aún cuando sabemos que estos no son realmente firmes, coherentes y honestos (3).

Podemos apreciar que las conjeturas de nuestros adversarios políticos hayan calado en algunos sectores. Nuestros críticos, de un lado y de otro, no han logrado comprender nuestras posturas ante las diversas coyunturas políticas, debido a que lamentablemente carecen de una herramienta fundamental para entender el complejo dinamismo de la realidad, y esa no es otra más que la dialéctica.

Cualquiera que desee entender la esencia de nuestro método, debería estudiar detenidamente la experiencia histórica del bolchevismo, que representa un resumen extraordinario del arte de la estrategia y la táctica dentro de la lucha y el movimiento obrero.

Por esto, es importante destacar que ni la lucha de clases, ni la conciencia de las masas, se desarrollan de forma lineal y continua, sino que pasan por cambios constantes. De allí devienen nuestras tácticas: del nivel real de la conciencia de la clase trabajadora y sectores populares.

En ciertas condiciones concretas, algunas consignas no guardan absolutamente ninguna relación con la realidad, pero son repetidas automáticamente por quienes no tienen otro método más que recurrir a frases preconcebidas, muy simpáticas, pero a su vez totalmente desajustadas de los acontecimientos.

Una de las cosas que nos diferencian de los socialdemócratas y los ultraizquierdistas, es justamente que para un marxista la política revolucionaria no radica en proposiciones generales o abstractas, que puedan ser aplicadas indistintamente en cada ocasión, como la exhortación a la unidad sin bases programáticas claras, a la unidad con quien sea y como sea para los oportunistas, o bien el rechazo por “principios” a la lucha electoral por parte de la ultraizquierda.

El partido de los bolcheviques no gozaba de programas distintos y a conveniencia: uno para la pequeña intelectualidad de izquierda, “muy culta y avanzada” y otro para los obreros y campesinos "ignorantes y atrasados". ¡Pues no! Lenin en todo momento planteaba un solo programa y una verdad, así esta fuese desalentadora y desagradable.


Los marxistas y las elecciones al parlamento

En un momento determinado de la historia, el parlamento al igual que la democracia burguesa, significaron un avance para la organización política de la sociedad. Sin embargo, para nuestros días, este representa un instrumento de dominación del capitalismo, que como parte del Estado, se encuentra al servicio de las clases dominantes y las diversas élites políticas de los países.

En la actualidad, el parlamento ha dejado de ser un elemento progresivo para la sociedad. En el desarrollo de una nueva forma de organización socialista, estas estructuras e instituciones burguesas deben ser destruidas y sustituidas por nuevos órganos de poder de la clase obrera, conformados por concejos obreros y comités populares, coordinados a nivel local, regional y nacional, y con representantes elegidos y revocables en todo momento.

Los socialdemócratas o reformistas, a diferencia de los marxistas, van al parlamento reconociendo una “estabilidad relativa” en el sistema democrático burgués (4), donde -en el mejor de los casos- podrán alcanzar reformas en él, prescindiendo de la necesaria acción y movilización de masas.

En la resolución del II Congreso de la Komintern: El partido comunista y el parlamentarismo, la cuestión se plantea de la siguiente manera: “Los parlamentos burgueses, que constituyen uno de los principales aparatos de la maquinaria gubernamental de la burguesía, no pueden ser conquistados por el proletariado en mayor medida que el estado burgués en general. La tarea del proletariado consiste en romper la maquinaria gubernamental de la burguesía, en destruirla, incluidas las instituciones parlamentarias, ya sea las de las repúblicas o las de las monarquías constitucionales”.

En este sentido, los marxistas desconocemos al parlamentarismo como una posible forma de gobierno proletario, por lo que impulsamos la creación de nuevas formas de organización que permitan la defensa y la lucha de los intereses verdaderamente democráticos en favor de las mayorías trabajadoras y pobres. 

Los comunistas no planteamos la conquista del parlamento como el objetivo central de nuestra política. Este instrumento ha demostrado ser incapaz de transformar y ser un elemento verdaderamente revolucionario para el mejoramiento de la situación de la clase obrera, por lo que solo reconocemos en él una tribuna para la agitación revolucionaria, para denunciar el obstáculo que representa el estado burgués para la revolución socialista y para llevar a cabo reformas radicales.

La táctica parlamentaria a aplicar por los comunistas está subordinada a la movilización de masas. Por esta razón, los comunistas en el parlamento deben combinar la agitación revolucionaria dentro de esta institución, con la acción y protesta popular fuera de él, todo en el marco de la estrategia general dirigida hacia la toma del poder, por parte de la clase obrera, a la cabeza de todas las clases oprimidas, y la transformación socialista de la sociedad.


El boicot al parlamento


El boicot de las elecciones parlamentarias, o ese rechazo a participar en elecciones, fue concebido por Lenin y los bolcheviques como una actitud ingenua e infantil, que si bien se desprende del repudio a la podredumbre burocrática estatal, se aleja de las posibilidades reales de incidir en las pugnas políticas por conquistar la dirección de la clase trabajadora y por el poder.

El distanciar a los cuadros marxistas de estos espacios políticos, lejos de beneficiar al pueblo humilde, fortalece a la las clases dominantes, las burocracias gubernamentales, los oportunistas y arribistas. Por esta razón, del mismo modo que hicieron los bolcheviques, no podemos rechazar de plano el trabajo en los sindicatos reaccionarios o en el parlamento, así estos sean espacios captados por los bloques reaccionarios de poder.

Si el objetivo es ganar a las masas trabajadoras al programa marxista, debemos enfrentarnos a las dificultades y ser capaces de superar los mayores obstáculos para hacer propaganda y agitación, y ser la voz representante de las clases desposeídas en las distintas instituciones de la democracia burguesa.

En cuanto a la crítica por parte de la ultraizquierda, que desdeña el trabajo parlamentario y electoral a priori, solo resta decir que eso no tiene nada que ver con el método de Lenin. La toma del poder sólo es posible cuando el partido revolucionario ha ganado la mayoría decisiva de la sociedad, de la clase obrera y del campesinado. Pero incluso para hacer esto, es necesario el trabajo en los distintos frentes de lucha incluyendo el parlamentario.

Lenin en su folleto: La Enfermedad Infantil del Izquierdismo en el Comunismo, hizo referencia al boicot de las elecciones parlamentarias que llevaron a cabo los bolcheviques después de la derrota de 1905, acción a la cual condenó al entenderla como un error táctico.

Luego del fracaso de la insurrección en diciembre de 1905, el zarismo intentó mediante todos los medios acabar con la revolución y en 1906 se estableció la primera Duma, un parlamento que realmente careció de verdadero poder, pero que era elegido a través de un restringido sistema electoral.

Para los revolucionarios como Lenin e incluso los socialistas de la época, era evidente el carácter reaccionario de dicho parlamento, por lo que naturalmente se inclinaron a favor de boicotearlo. Sin embargo, las bases albergaban en la Duma cierta expectativa, tenían la esperanza de que ésta pudiese acoger varias de sus demandas y solucionar algunos de sus problemas (5). 

La vanguardia revolucionaria no estaba en consonancia con la clase obrera, no estaba reflejando la psicología de las masas, sino su propia apreciación del fenómeno, y por tanto iban demasiado adelante de la clase.

En cuanto a esto, es necesario recalcar que el boicot al parlamento o a las elecciones parlamentarias no es, como lo entienden ciertos compañeros, una regla general a aplicar en todas las circunstancias, más aún si la clase trabajadora ve dentro de este tipo de instituciones la esperanza y la posibilidad de alcanzar algunas reformas. La única circunstancia en que esto es posible, es solo cuando el movimiento revolucionario ha alcanzado suficiente madurez para romper con el viejo poderío burgués, y las masas organizadas han constituido un nuevo poder presto a sustituir el parlamento y la maquinaria burocrática del Estado capitalista. Pero, de no ser este el caso, entonces es pertinente participar y utilizar este como una plataforma en defensa de los intereses de la clase obrera y como instrumento para ganar a las mayorías.

Los bolcheviques no hacían de las elecciones parlamentarias un fetiche, como lo hacen los reformistas, pero tampoco desestimaban su importancia en la lucha como los ultraizquierdistas y anarquistas. Gracias a la experiencia, comprendieron que para poder llevar la revolución socialista adelante, primero era necesario ganar a las masas, y en este sentido determinaron el parlamento como un espacio lleno de posibilidades y oportunidades para realizar el trabajo revolucionario. No fueron tan ingenuos para pensar que todo era posible por medio de esta institución, pero tampoco se negaron a participar en la misma si era necesario. Si los bolcheviques no hubieran comprendido tal consideración, habrían sido condenados por la historia.

Por su parte, los reformistas, que históricamente han presentado a la revolución socialista como un proceso de cambios lentos, graduales y pacíficos (6); carecen de una noción real de la política al volcarse sólo al aspecto electoral, y dejar de lado las contiendas populares, sindicales y comunitarias. Confunden el poder con cargos políticos, ya que sus motivaciones no son las mismas que la de los marxistas. Sus líderes solo buscan posicionarse por un tema de intereses económicos, prebendas y prestigio personal. Los comunistas no podemos ver el triunfo en las elecciones como el fin último en la lucha de clases, sino un medio para reagrupar fuerzas, organizar a la clase y agitar en torno a nuestro programa.

A los comunistas solo nos será posible descartar la lucha parlamentaria, cuando las condiciones permitan una alternativa más expedita para alcanzar el poder. Por lo que la salida de los comunistas del parlamento es posible en un momento determinado, si se identifican aspectos particulares que impidan participar en las elecciones, o que se presenten escenarios donde el partido marxista deba inclinarse al boicot, esto en el caso de presentarse condiciones para “el pasaje inmediato a la lucha armada por la conquista del poder”. (7).


El programa


Desde el desarrollo teórico de Marx y Engels hasta nuestros días, el programa clásico marxista siempre ha estado claro. Nunca ha sido un secreto para nadie. En nuestro caso, siempre ha estado presente en la mayor parte de nuestros artículos e intervenciones públicas. No existen medias verdades o verdades ocultas en ese sentido. 

La cuestión de cómo se plantea la transformación de la sociedad no depende única y exclusivamente del programa, sino de las circunstancias. No se trata de una receta que se aplica sin importar la situación concreta, sino de tener en consideración el nivel de conciencia de las masas, las condiciones materiales y el momento determinado.

Así pues, el programa debe derivar en consignas que vinculen las necesidades más acuciantes para los trabajadores y sectores populares, con las tareas históricas de transformación socialista de la sociedad.

Las eventuales candidaturas de revolucionarios al parlamento no pueden orientarse al mero alcance de los curules, al margen de los principios y verdaderas prácticas revolucionarias. El énfasis de la campaña debe ser difundir ampliamente el programa y empujar las diversas luchas de la clase obrera y sectores populares hacia delante.


En cuanto al llamado vacío a la unidad sin programa


¿Cuantas demostraciones debe brindar la experiencia histórica de la clase obrera, para comprender la imposibilidad de reconciliar los intereses del proletariado con los de la burguesía y los terratenientes?

Toda dirección que se reivindique socialista y revolucionaria debe apoyarse en los intereses de la mayoría de la sociedad o terminará apoyándose en los de la minoría rica, no en ambos.

Si algo ha demostrado la experiencia, es que los reformistas, al intentar conciliar intereses que son naturalmente antagónicos, cuando toman el timón del poder y aplican de forma sostenida sus fórmulas de capitalismo regulado, generan crisis profundas, para luego terminar, irremediablemente, cediendo y favoreciendo a la clase dominante. Su limitación ideológica (8) y sus intereses particulares no les permiten ir más adelante.

De allí la afirmación de que la mayor traba que ha tenido el proceso revolucionario en Venezuela, más que la burguesía y los terratenientes, ha sido la dirección oportunista del proceso bolivariano, que gracias a su cobardía traidora y su profunda corrupción, hoy solo entiende el sostener el poder como un fin en sí mismo, enriqueciendo sus arcas a manos del erario público, negociando estabilidad con la burguesía tradicional, mientras somete al pueblo trabajador a la más humillante austeridad y represión.

Los intereses de la burocracia gubernamental, ocultos bajo una verborrea izquierdista, no pueden solaparse con llamados a la “unidad perfecta”. Es necesario que la izquierda partidaria venezolana se desmarque de las políticas anti-populares que el gobierno ha venido aplicando, para mantener limpias las verdaderas banderas del socialismo y para acompañar al pueblo trabajador en lucha por su dignidad. De allí, nuestro llamado recurrente a construir una alternativa revolucionaria.

En este sentido, para los revolucionarios, es de carácter obligatorio apoyar a las masas en sus luchas reivindicativas actuales, a pesar de la confusión y desmoralización que pueda existir, tendiendo puentes entre sus necesidades y el programa de la revolución socialista, mediante consignas audaces y transicionales.

“La alianza perfecta” o la simple “unidad" no pueden ser consignas para el pueblo trabajador, porque en sí, son vacías de contenido y solo responden a los intereses de los liquidadores burocráticos del proceso revolucionario. La agitación debe ser por salarios dignos, contra la carestía de la vida, por servicios públicos de calidad, por el respeto a las libertades democráticas, por la organización de concejos obreros en todas las empresas y comités de lucha popular en cada barrio, por la nacionalización completa de las industrias y la banca bajo control de la clase obrera, por la supresión del latifundio bajo control campesino, entre otras.


El partido revolucionario


Para los comunistas, el partido revolucionario no es solo un aparato u organización, sino que es en primera instancia, programa, métodos, ideas y tradiciones. Esto no significa que se desmeriten aspectos organizativos, al contrario, estos son muy importantes. Lo que se trata de destacar es que el partido marxista, erige su estructura a partir de sólidos cimientos teóricos y se basa en un programa revolucionario, que condensa la experiencia histórica del proletariado.

Lo verdaderamente apremiante es encontrar una manera concreta de llegar a las masas trabajadoras con nuestro programa e ideas, lo que evidentemente no es una cuestión sencilla. Para algunos bastaría hacer una simple y descontextualizada interpretación de las palabras de Lenin en cuanto a la necesidad de crear un “partido independiente”, como para proclamar al "partido revolucionario" y llamar a los trabajadores a unirse. Pero si la construcción del partido revolucionario fuera tan fácil, ¿por qué hasta el momento los sectarios no han logrado alcanzar la revolución socialista? Si para los sectarios basta con proclamar el partido, para nosotros no. A diferencia de ellos, consideramos que esta tarea es una cuestión mucho más compleja de lo que parece. Implica destreza, audacia, estrategia y táctica, y una lectura apropiada del movimiento de las masas y sus organizaciones tradicionales de lucha en un contexto determinado.

Trotsky señalaba que la clase obrera no llega por sí sola a conclusiones revolucionarias. Es solo a través de un largo período histórico, de aciertos y desaciertos que la clase obrera llega a comprender la necesidad de construir al partido revolucionario. Por lo que es inevitable mencionar que el proletariado no abandona fácilmente sus organizaciones tradicionales de lucha, sino que se aferra a ellas así estas fallen una y otra vez, intentando transformarlas antes que pensar en dejarlas.

Así mismo, la ultraizquierda aislándose de la contienda parlamentaria, y siendo incapaz de comprender la importancia de construir un verdadero partido desde el seno de la clase trabajadora, se aparta de lucha de clases y el movimiento de las masas, condenándose al sectarismo.


Las reformas


Lo hemos repetido en infinidad de ocasiones, nuestra crítica a los reformistas no se centra en el que luchen por las reformas. Los marxistas siempre hemos estado de acuerdo con las demandas reivindicativas del pueblo y más aún si estas logran elevar su nivel y la calidad de vida. Además reconocemos otro potencial, y es que a través de estas luchas, la clase trabajadora adquiere la experiencia necesaria para llevar a cabo las grandes tareas para la transformación de la sociedad.

Lo que resulta contradictorio en la actualidad venezolana, es que el gobierno, en otrora reformista, no está llevando a cabo reformas. En el pasado la burocracia gubernamental podía otorgar ciertas concesiones al pueblo trabajador, pero lo que identificamos como "reformismo" hoy en día se encuentra a la cabeza de las contrarreformas. He allí la contradicción, ya que llamarle “reformista” a una dirigencia desvirtuada, burocrática, traidora, y que aplica un severo programa de ajuste burgués, implicaría un alago.

Lo incuestionable es que la mayor parte de las batallas populares que se emprenden en estos momentos, no son por obtener mayores conquistas, sino en defensa de las que ya fueron alcanzadas en el pasado y que hoy quieren ser arrebatadas. Por esta razón, prevenimos que las victorias que las clases oprimidas pudieran cosechar en el periodo presente, sólo serán el producto de una ardua y persistente lucha y no como parte de una dadiva gubernamental.

Actualmente, ante la deriva represiva del gobierno venezolano, aquellos derechos democráticos que fueron conquistados por la clase trabajadora en el pasado están siendo amenazados. Tanto la burguesía tradicional, los terratenientes y la capa de nuevos ricos, entendida como la “burguesía revolucionaria”, conforman varios bloques reaccionarios que atacan de diversas formas a las organizaciones obreras, campesinas y populares. Las fuerzas represivas del Estado, como la policía, la Guardia Nacional, entre otros destacamentos especiales, están siendo utilizados como medios para dirimir disputas laborales y de tierras, a favor de los viejos y nuevos ricos. Engels tenía razón cuando decía que el Estado no es más que un grupo de hombres armados en defensa de la propiedad.

Esta situación la han corroborado en carne propia la infinidad de trabajadores reprimidos solo por exigir mejores salarios, los obreros encarcelados por luchar, los campesinos asesinados y desalojados de sus tierras, entre otros.

En cuanto a esto, es necesario dejar por sentado que los marxistas siempre defenderemos cada uno de los derechos democráticos conquistados por la clase trabajadora, y rechazamos cualquier acto de injusticia e intento de judicialización, persecución y represión a compañeros que lleven adelante luchas genuinas, a favor del pueblo trabajador. Lo realmente lamentable es que todas estas acciones se escuden detrás de una charlatanería pseudoizquierdista, que solo puede generar confusión y desorientación en las masas, cuando lo que realmente proponen es un programa contrarrevolucionario.

A nuestro entender, los candidatos por parte de la izquierda en los venideros comicios parlamentarios, deben convertirse en portavoces de todas las reivindicaciones y luchas particulares de los trabajadores y el pueblo pobre, así como sus demandas de justicia, comprometiéndose a mantener y redoblar su agitación y acción revolucionaria, de lograr hacerse de alguna diputación.

Los partidos dispuestos a constituir una alternativa de izquierda, deben combatir enérgicamente toda manifestación de arribismo y carrerismo oportunista en la escogencia de sus candidatos, que en el pasado desprestigiaron a todas las agrupaciones políticas del país.

Estos partidos, deben abrir sus tarjetas a dirigentes obreros y populares templados en el acero de la lucha y con una solvencia ética comprobada, donde cada organización debe supervisar todo el accionar del dirigente, su discurso y poner a tono su proceder con la lucha extraparlamentaria. Una alternativa revolucionaria no se podrá construir con viejos y “experimentados” dirigentes, acostumbrados a la conciliación de clases y a todas las desviaciones del Estado burgués.


Las alianzas


Las alianzas propuestas para el proletariado no pueden ser con sus enemigos de clase -con la burguesía, los banqueros y los terratenientes, sino con las demás clases oprimidas, como los campesinos pobres y sectores populares en su conjunto (9).

De igual forma, la tendencia marxista solo puede establecer colaboración con otras tendencias del movimiento revolucionario, pero bajo la condición de no diluir sus ideas, sus consignas y su programa. En todo momento los comunistas deben mantener sus banderas en alto, y su línea política clara, así se estén librando luchas en conjunto.

En ese sentido, es preciso dejar por sentado que los marxistas somos defensores incondicionales de la revolución, contra de la burguesía, los terratenientes y el imperialismo; y que dentro del movimiento de masas en general solo apoyamos al ala de izquierda frente a los reformistas, socialdemócratas y ultraizquierdistas que suelen hacerle el juego a la derecha. Defenderemos nuestra independencia política y nuestras ideas frente a la clase trabajadora, luchando para construir organizaciones para los obreros con independencia de clase, como sindicatos, consejos de trabajadores, comunas y organizaciones de base; y con ello extender la influencia del marxismo.

Los comunistas no buscamos imponernos sobre el movimiento de las masas. Nuestro objetivo es fortalecerlo, empujarlo hacia delante y fertilizarlo con las ideas, el programa y la política que consideramos es la más avanzada y acertada para derrotar al imperialismo, la burguesía y sus lacayos.


Nuestra tarea


Como lo señalo Trotsky: “Los comunistas no se separan de las masas que están siendo engañadas y traicionadas por los reformistas y los patriotas, sino que se comprometen a un combate irreconciliable dentro de las organizaciones de masas e instituciones establecidas por la sociedad burguesa, para poder derrocarla lo más segura y rápidamente posible”.

Una de las metas es ganar a las juventudes y sectores en lucha, para armarlos con el arsenal teórico y organizativo del socialismo científico, con los métodos y las tradiciones forjadas al calor de la lucha del movimiento vivo de las masas. Debemos ser capaces de demostrar la superioridad de las genuinas ideas del marxismo y de ganar la dirección de las masas, dando la batalla contra el reformismo y demás tendencias oportunistas, contra el cretinismo parlamentario y los llamados sectarios ultraizquierdistas.

Indudablemente, nuestra tarea es conquistar el poder, pero antes de eso es obligatorio que conquistemos a las masas. Nos espera un largo período de trabajo y esfuerzo preparatorio de formación, discusión, propaganda, agitación, planificación y organización.

No debemos desestimar la psicología de las masas y el nivel real de su conciencia. Por ello, es preciso comprender que esta no es revolucionaria en todo momento, y que por el contrario la conciencia humana suele ser muy conservadora y reticente a cambios. Sin embargo, la acumulación de contradicciones, descontento e insatisfacciones, tarde o temprano producirán un cambio de calidad decisivo. Los marxistas debemos anticipar estos momentos para encausarlos y capitalizarlos a favor de la revolución y el socialismo.

Entendiendo esto, los revolucionarios tenemos la responsabilidad de recordarles a los trabajadores que los intentos de los reformistas de limitar la revolución -en defensa de los intereses de la burguesía, son los responsables de las terribles derrotas en los distintos frentes de lucha revolucionarios en el mundo.

Ahora bien, en cuanto al PSUV, que aún goza de cierto apoyo y posee algunas reservas entre la clase trabajadora, es pertinente destacar que así este instrumento se encuentre corroído de vicios e inmoralidades, cuando el pueblo ha entrado en lucha por la amenaza imperialista o golpista se ha expresado por medio del mismo.

La militancia de este partido también padece los estragos de la crisis, es objeto de desmoralización por la corrupción y actuaciones burocráticas de sus dirigentes, pero su permanencia en esta organización en buena medida obedece a que no existe otra referencia para la izquierda. En la medida en que la crisis del capitalismo venezolano y las contradicciones entre las bases y las diversas facciones de la dirección sigan agudizándose, un rompimiento del partido en líneas de clase no puede descartarse.

Nuestra tarea desde ahora hasta ese momento, será ofrecer esa alternativa revolucionaria ante el programa de la dirigencia burocrática decadente, y atizar dichas contradicciones e inconsistencias, para con ello apresurar un salto cualitativo en la conciencia de sus bases.


Notas:


(1) Haciendo referencia a la alianza de partidos de izquierda en torno al PSUV, en el Gran Polo Patriótico.

(2) Comprendiendo que para estos compañeros les es imposible interpretar la realidad y elaborar sus tácticas teniendo en consideración el estado de ánimos de las masas y la sutileza como parar llevar sus ideas a las mismas, sin aislarse ellos mismos del movimiento y caer en sectarismos.

(3) ¿O acaso la lucha antiimperialista es a criterio? No se puede ser antiimperialista y negociar bajo la mesa con el imperialismo gringo, o beneficiar con acuerdos y contratos al imperialismo ruso y chino.

(4) Es importante recordar que los socialdemócratas plantean dos programas, el programa máximo, que se traza alcanzar el socialismo, y el programa mínimo, en el que se elaboran sus tácticas y orientaciones para la toma del poder. El asunto es que en la práctica concreta, la socialdemocracia hace mucho que dejo de trabajar por el programa máximo socialista, y se ha rendido ante las instituciones del aparato estatal burgués. Su intención real ya no es acabarlas, o destruirlas, sino hacerse de ellas.

(5) Un ejemplo de esto fue la Constituyente convocada por el gobierno venezolano, que si bien en su momento alertamos del carácter potencialmente bonapartista de dicha medida, no desestimamos su incidencia en el estado de ánimo de las masas, las cuales veían en ella la esperanza de acabar con la violencia que había sido desatada por la reacción. Por lo cual apoyamos incluso una candidatura para la misma.

(6) Si bien nuestra intención es alcanzar los objetivos sin derramar una gota de sangre, no negamos el papel de la violencia en la historia, y de cómo los bloques reaccionarios han actuado de manera violenta y agresiva para preservar sus privilegios.

(7) Estas alianzas deben ser claramente enfocadas en contra de todos los explotadores, y bajo el programa y consignas revolucionarias.

(8) Gracias a la modificación de sus condiciones de vida material en algunos casos, y en correspondencia a sus intereses de clase en otros.

(9) Ver el apartado en torno a la táctica revolucionarias en cuanto a la cuestión parlamentaria de las Tesis, manifiestos y resoluciones adoptados por los Cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista (1919-1923). Pág. 95.


Fuentes:

  • Lenin, V.I. (1920) La Enfermedad Infantil del Izquierdismo en el Comunismo.
  • Trotsky, León. (1924) Los Cinco Primeros Años de la Internacional Comunista, Volumen 1.
  • Tesis, manifiestos y resoluciones adoptados por los Cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista (1919-1923).
  • Trotsky, León. (1938) El programa de transición. La agonía del capitalismo y las tareas de la IV Internacional.
  • Woods, A. (2009) El Marxismo y el Estado.

  • Woods, A. (2002) La Revolución Bolivariana un Análisis Marxista.



Publicado el 9 de julio 2020

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